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Mostrando las entradas etiquetadas como ComéntaMeLo

Texto para comentar 11

El mandato Es evidente que no hemos venido a este mundo a creer en los dioses, ni a resolver el teorema de Pitágoras, ni a construir el Partenón, ni a escribir  La   divina   comedia,  ni a levantar arcos de triunfo, catedrales y estatuas a los tiranos. A este mundo hemos venido simplemente a cumplir el mandato primordial de la naturaleza que consiste en reproducirnos transmitiendo genes, un trabajo ciego e inexorable destinado a perpetuar la especie sin un fin determinado.  La divina   comedia,  la duda de Hamlet o la teoría de la relatividad a la naturaleza parece que le traen sin cuidado. Para cumplir su mandato, la vida ha dotado a las personas, incluso a las más exquisitas, del mismo impulso genésico de los animales, que hasta ahora no ha podido ser controlado por la cultura con los tabúes y el Código Penal ni por la religión con el pecado y la amenaza del infierno. Por un lado, necesario e inevitable, por otro, reprimido y castigado, el sexo p...

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#Libro No nos damos cuenta, porque es una muerte lenta, casi imperceptible, igual que un tumor avanzando con parsimonia dentro del cuerpo de un anciano. Pero está enfermo, y se muere, poco a poco se muere, y si se presta atención a los detalles uno es capaz de reconocer con pesadumbre los síntomas de la enfermedad. Por ejemplo, al ver la tele, y observar un rótulo informativo que confunde la b con la v, haciéndonos sangrar los ojos; o al tomar el metro, y contemplar el horizonte del vagón plagado de usuarios con la vista absorta en sus móviles, usuarios que en otro tiempo, hace no mucho, también fueron lectores; o al llegar a casa, y rendirte a la evidencia de que, por más que los criaste en medio de una selva de libros, has fracasado y no hay manera: a tus hijos la lectura les aburre, todos sus ídolos son youtubers.  Se está muriendo, por eso sabes que todo esto es una tozudez, tercos caprichos de animal viejo: seguir escribiendo, seguir leyendo, seguir amando una vida escr...

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Ah, era esto “Atar cabos”, he ahí una expresión acertadísima. Describe lo que ocurre en la cabeza de alguien cuando se asocian dos o más hechos alejados en el tiempo o en el espacio. Algo se abrocha de súbito en un clic mental que ilumina un suceso oscuro. Un día, atando cabos, descubrimos que los Reyes eran los padres. Es solo un ejemplo. Al atar cabos se unen cosas o personas que hasta ese instante nada tenían que ver entre sí. Quizá tú mismo eres un cabo suelto en la cabeza de otro. La humanidad entera son siete mil millones de cabos sueltos movidos por el viento como los flecos de una falda. Ese anciano con el que te acabas de cruzar en el parque es un cabo suelto, igual que el chino que regenta la tienda de comestibles de la esquina, la indigente que pide limosna a la salida del supermercado o el profesor de Ciencias Naturales que explica ahora mismo la función clorofílica a un grupo de alumnos con astenia primaveral. Cuando nace un niño nace un cabo suelto y cuando muere un ...

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Una mujer vejada Me gustaba mucho aquello que sostenía Chesterton cuando afirmaba que deberíamos poder compartir el dolor de un hombre al que han insultado, no porque nos hayan insultado antes, sino porque somos hombres como él. Y que también deberíamos sentir empatía por un mendigo, no porque sea un mendigo, sino simplemente porque es un hombre. Suena sencillo, ¿verdad? Y sin embargo todo esto queda olvidado cuando analizamos la sentencia que ha condenado a los jóvenes que se autodenominan La Manada, por abusos cometidos contra una chica en un portal de Pamplona durante los sanfermines de hace dos años. La indignación popular aspira a corregir la conclusión de la sentencia, no su redactado, porque en las cabezas de una gran parte de la población no cabe admitir otra verdad que la de la agresión sexual, apoyada en la intimidación por número, fuerza y situación. Mal hacen la prensa y los políticos en sumarse por coqueteo a esa visceralidad que niega la independencia judicial, q...

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Lo valioso, lo impresionante Hace un año, durante una entrevista, le pregunté a David Trueba por sus padres. “Eran de esa generación”, dijo, “que no tenía cultura pero que la cultura para ellos era lo más, no el dinero: el dinero era despreciable. Lo valioso, lo impresionante, era la gente culta: el profesor, el doctor, el tipo que había leído y sabía hablar”. Recordé entonces la impresión que a mi abuelo le causaba su médico: una fascinación que no tenía que ver con la superior clase social o el dinero del doctor, sino con su conocimiento. Uno de mis cometidos adolescentes era ir, después de una consulta, a casa del doctor con una cesta llena de vino y de marisco; algunos días coincidí en el ascensor con un político cuyo padre vivía en el mismo edificio, Mariano Rajoy. Aquel médico gracias al cual mi abuelo vivió tanto tiempo es el urólogo Manuel López Lobato. En mi familia, la primera persona en tener estudios superiores se retrasó una generación; iba a ser mi madre —que se ...

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Orgullosa de ser española A LO LARGO de la vida he tenido mis más y mis menos con esta sociedad a la que pertenezco. Supongo que a todos nos pasa con nuestros países: a veces nos desesperan. Pero me parece que los españoles nos llevamos la palma en esto del desasosiego patrio. Ahí está el “me duele España” unamuniano, o la jocosa y antaño repetida frase “¡qué país, Miquelarena!”. Lo cierto es que tenemos un temperamento nacional harto bilioso que nos ha llevado a odiarnos, vilipendiarnos y matarnos los unos a los otros en diversas confrontaciones armadas. Como dijo Gerald Brenan en su libro  El laberinto español  (1943), nuestra sociedad está atomizada en hordas que se atizan las unas a las otras sin que parezca cabernos el bien común en la mollera. A los observadores extranjeros siempre les ha resultado llamativa la ferocidad con la que nos tratamos entre nosotros. Todo esto no facilita una relación serena con tu país, y tampoco ayuda el hecho de tener una historia cua...

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En línea Estos días, por razones que me ocuparían una columnata y no precisamente la de la Santa Sede, tengo una desaforada actividad de mensajería telefónica, por lo que estoy en línea todo el santo día y buena parte de la noche. Hace tiempo que desactivé la confirmación de lectura de mis mensajes entrantes y la hora de mi última conexión al invento con el fin de no tener que dar explicaciones a nadie sobre mis andanzas digitales, con el consiguiente peaje de no saber si mis contactos han leído o no mis recaditos ni a qué hora se retiraron a sus aposentos analógicos. No diré que no me fastidie, porque mi curiosidad no tiene límites, pero me parece justo. Tú no te enteras de mi vida ni yo de la tuya. OK.  Quid pro quo . Sin embargo, no hay manera humana de estar hablando con alguien sin que el resto de tu agenda se cosque, si quiere, de que estás de cháchara con alguien que no es su menda. El dichoso “en línea” es el nuevo espía legal del prójimo. No hace tanto, llamar a un ...

Texto para comentar 03

Las armas de la tribu Ni un dólar del presupuesto para estudiar o promover el control de la venta de armas de fuego. El Congreso de los Estados Unidos, que es quien aprobó tal medida hace dos décadas, no tan solo se esfuerza por mantener libre su venta sino que no quiere que se conozcan los efectos de su complaciente actitud hacia la poderosa Asociación Nacional del Rifle, el grupo de presión que dedica ingentes cantidades de dinero a comprar voluntades y mantener así abierto el mayor mercado de herramientas letales del mundo. La sociedad, por fortuna, tiene sus propios instrumentos para conocer al menos los efectos de las decisiones de los políticos. En este caso, las estadísticas de las asociaciones científicas son espeluznantes. Cada año, más de 7.000 niños menores de 17 años mueren o son heridos gravemente por disparos en EE UU, una plaga que afecta a los colegios y obliga a protegerlos con guardias armados y a realizar ejercicios de protección a escolares y maestros. Del to...

Texto para comentar 02

El acento andaluz es para catetos Resulta que semanas atrás estrenaron una serie, ‘La peste’, que a juzgar por la repercusión que se respiraba en las redes debió de gozar de bastante éxito. Hasta aquí nada nuevo. Resulta que los guionistas decidieron darle un toque original al asunto liberando un supuesto acento andaluz del siglo XVI, acento que entonces, obviamente, no mostraba las características actuales, aunque poco importa eso. Hasta aquí, algo relativamente novedoso, aunque cada vez menos. Los mandamasesse afanan últimamente en producir películas y series alejadas del acento neutro habitual, cuando no alejadas directamente del castellano para ser rodadas en otros idiomas peninsulares. Así que reescribo: hasta aquí, nada nuevo. Y, por último, resulta que una ralea de twitteros acudió presta, como siempre, al calor del imaginario acento andaluz del siglo XVI para plagar la red de comentarios absurdos, imprecisos y, claro, despreciativos hacia los p...

Texto para comentar 01

La homofobia, esa enfermedad Amaría Elósegui, la flamante representante de España en el Tribunal de los Derechos Humanos, en sus artículos donde afirma que la homosexualidad y transexualidad conllevan patologías, se le ha pasado mentar una terrible "enfermedad": la homofobia. Se trata de una dolencia extraña, pues infecta a unos y la padecen los de enfrente, y puede llegar a ser letal si se complica con un cuadro de fanatismo agudo. En un ambiente homófobo, quienes no se sienten ni se aman como está mandado, corren un alto riesgo de sufrir depresión, ansiedad y lesiones de diversa consideración, provocadas por aislamiento, acoso, palizas y discriminación (cosas que a Elósegui les debiera preocupar, le va en el cargo). En la adolescencia, cómo lloraba mi bello amigo -el pecho del amor tan lastimado-, que nunca ha vuelto por el pueblo. La hijita de mis queridas María y Sara pronto irá al cole; ¿estará condenada por los usureros de "la normalidad" a escuchar que s...